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Por Eduardo Piñones, Director de Dideco Municipalidad de Arica
En Arica, se ha desarrollado, durante años, una enfermiza relación de asistencialismo entre las entidades públicas y la comunidad más carente.
Al asistencialismo se lo define como una “forma de cooperación donde el destinatario no es más que el receptor de algún producto que se le da” (bien, servicio, subsidio). Este va creando una situación de dependencia tan enraizada que poco a poco liquida la dignidad de las personas.
Cuando hay problemas graves de carencias básicas, la ayuda humanitaria es propicia y hasta beneficiosa, en una primera fase. Pero cuando ésta perdura en el tiempo, produce adicción y acostumbramiento, eliminando toda capacidad creativa y de tomar iniciativas porque las personas saben que pueden obtener todo tipo de apoyo por parte del Estado, con muy poco esfuerzo.
En nuestro país, las desigualdades sociales son abismantes y Arica es una ciudad que le ha costado mucho más que a otras levantar su economía. De esta forma, las autoridades elegidas hasta ahora, en su afán por ayudar a quienes lo necesitan, no pudieron establecer las diferencias que hay entre asistencia social y asistencialismo. Y nuestra comunidad se acostumbró a recibir ayudas y a establecer una relación con la Municipalidad que mantenía un status quo conveniente y populista, pero que a la larga sólo consiguen agravar la pobreza física y mental de la población, transformando el sentido de la solidaridad en un elemento coercitivo, que promueve y nutre la dependencia, la desconfianza, recreando el círculo vicioso de la pobreza. Las personas dependen del humor de los agentes políticos que lo promueven, y eso nunca les permitirá llegar a ser individuos libres que asuman el compromiso y la responsabilidad de su propia existencia.
Acusar a los más vulnerables de “aprovechamiento” del sistema es ver el árbol y no el bosque. O peor, culpar al más frágil y dejarlo a su suerte con el argumento de que debe ser “independiente y desarrollar sus propios proyectos”, mientras las políticas públicas se mantienen mal enfocadas. Debemos generar y alimentar ese cambio que solo se logrará recorriendo un camino largo que debe llevar como base el amor, el respeto y el compromiso hacia la fundamental función social que desempeñamos como funcionarios municipales.
“No hay que dar el pescado, pero tampoco enseñar a pescar. Hay que crear sistemas de pesca”. Y en eso estamos.
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