Nuevo estudio detecta que siguen altas concentraciones de metales tóxicos en Arica

Fecha : 08/09/2026
• Si bien la distribución de estos elementos es compatible con fuentes históricas y contemporáneas, parte importante de la contaminación sería atribuible a las más de 20.000 toneladas de residuos mineros provenientes de Suecia que fueron depositados en la ciudad como material inofensivo a mediados de la década de los 80.
 

El impacto de los desechos tóxicos dejados por Promel, hace más de 30 años en Arica, podría no haber terminado con su remoción y traslado, tal como lo advierte un estudio del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile publicado, recientemente, en la revista científica CLEAN – Soil, Air, Water. 

A más de tres décadas del caso polimetales, la investigación detectó concentraciones elevadas de plomo, zinc, arsénico y otros elementos potencialmente tóxicos en suelos superficiales de distintos sectores de Arica.

El hallazgo da cuenta de focos localizados de estos metales que serían compatibles tanto con el legado de los residuos importados desde Suecia como con fuentes urbanas e industriales más recientes. De esta forma, aporta nueva evidencia sobre la permanencia y posible redistribución de contaminantes en el ambiente urbano, pese a las medidas de remediación aplicadas desde la década del 90.

“BARROS”
“Barros con contenidos metálicos” fue la denominación bajo la cual la empresa Procesadora de Metales (Promel) ingresó al país una pila de residuos mineros provenientes de Suecia entre 1984 y 1985.

La compañía declaró falsamente ante las autoridades aduaneras y de salud de la época, asegurando que se trataba de materiales no tóxicos destinados a su reprocesamiento para la supuesta extracción y recuperación de oro y plata. Esto permitió burlar los controles ambientales y depositar el cargamento de metales pesados al aire libre, muy cerca de la población Sica Sica, donde años después también se construyeron poblaciones como Los Industriales y Cerro Chuño.

El abandono de estos desechos y el crecimiento de la ciudad, de esta forma, expusieron a miles de personas a altas concentraciones de elementos tóxicos como plomo, arsénico y cadmio, lo que estalló durante la segunda mitad de la década del 90 como una crisis sanitaria y ambiental.

La emergencia significó finalmente el retiro de este vertedero industrial, la relocalización de familias afectadas, procesos judiciales e, incluso, la presentación de una demanda indemnizatoria en Suecia.

A nivel político, entre tanto, implicó la constitución de una Comisión Investigadora en 2003 y la promulgación de la llamada “Ley de Polimetales de Arica” en 2012, que estableció un Programa de Intervención en Zonas con Presencia de Polimetales en la Comuna de Arica.

ESTUDIO
“En Arica, pudimos observar que la señal del evento de contaminación ocurrido hace más de 30 años todavía está presente en algunos sectores y contribuye al escenario actual de contaminación. A esto, se suman fuentes contemporáneas asociadas a actividades urbanas e industriales, generando una situación particularmente compleja. Además, encontramos concentraciones de algunos elementos que superan valores de referencia internacionales. Esto no significa, necesariamente, que exista un daño a la salud, pero sí indica que existen sectores que justifican mantener la vigilancia ambiental y sanitaria”, explicó Carlos Manzano, académico de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile que lideró esta investigación.

El estudio tuvo como origen el interés de un joven ariqueño que se propuso realizar su tesis de pregrado sobre este tema para obtener el título de Químico Ambiental de la Universidad de Chile. Su nombre es Diego Ayala, quien contó que vivió dentro del polígono de riesgo y fue uno de los beneficiarios de la Ley de Polimetales promulgada en 2012, por lo que el motivo de contribuir a la comunidad ariqueña lo acompañó en su proceso formativo en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.

HUELLA EN EL SUELO
Arsénico, plomo, zinc, cadmio, cobre, hierro, manganeso y aluminio fueron los elementos identificados por el equipo de investigadores en las muestras obtenidas desde 17 distintos puntos de la ciudad de Arica. Los resultados, obtenidos mediante extracción ácida y espectroscopía de absorción atómica, revelaron una contaminación marcadamente desigual. Mientras algunos elementos presentaron concentraciones relativamente homogéneas, el plomo, el arsénico y el zinc aparecieron concentrados en focos específicos.

Los valores máximos alcanzaron 47 miligramos de arsénico por kilogramo de suelo, 487 miligramos de plomo y 1.740 miligramos de zinc. Esta última cifra, equivale a 1,74 gramos de zinc por cada kilogramo de suelo en el punto de mayor concentración, lo que muestra la intensidad que puede alcanzar la contaminación en determinadas áreas.

Una de las tareas que asumió Diego Ayala fue la recolección de muestras para su posterior análisis en Santiago. El químico ambiental indicó que los puntos de muestreo fueron definidos estratégicamente, tratando de abarcar la mayor área posible, pero en función de los lugares con datos históricos del Plan Maestro de Intervención de 2009.

“Los puntos que presentaron mayores concentraciones de metales pesados y que podrían generar preocupación fueron los sectores de las intersecciones de Linderos con Azolas, Óscar Bonilla con Barros Arana y, por último, Luis Beretta Poncel, ya que según los parámetros correspondientes a la Guía de Evaluación para Medios Ambientales (EMEG) tienen un mayor número de metales involucrados (arsénico, cadmio, cobre y plomo) para la categoría de infantes, por lo que la población cercana a los mencionados puntos podría sufrir efectos en su salud”, detalló sobre los resultados de estos análisis.

Respecto a la persistencia de estos contaminantes en la zona, el profesor Carlos Manzano planteó que “los suelos funcionan como reservorios de sustancias químicas y, por lo tanto, pueden conservar información sobre eventos de contaminación ocurridos hace muchos años. En el caso de los metales, esto es particularmente importante porque los elementos no se degradan, sino que pueden cambiar su forma química, quedar asociados a partículas del suelo o movilizarse hacia otros lugares. Arica presenta, además, condiciones muy particulares: precipitaciones extremadamente bajas, poca materia orgánica y un ambiente árido que favorece la persistencia de estos elementos en el suelo.

HERENCIA
Una de las principales conclusiones del estudio es que la localización de los focos es compatible con la influencia del antiguo depósito de residuos de Promel y con su posterior dispersión en el ambiente urbano a medida que la ciudad creció y sus suelos fueron intervenidos. No obstante, los resultados también pueden reflejar fuentes contemporáneas, como actividades industriales, tránsito, desgaste de materiales, construcción y movimiento de suelos previamente contaminados.

“Establecer con certeza el origen de la contaminación es complejo, porque en una ciudad existen múltiples fuentes que pueden superponerse. Para eso necesitamos hacer estudios de mineralogía y caracterización adicional que puedan conectar mejor lo que se encuentra en el medioambiente con la potencial fuente”, señaló el académico de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile.

En la misma línea, Diego Ayala sostuvo que el trabajo representa un diagnóstico exploratorio que identifica señales de alerta, pero que debe avanzar hacia un levantamiento de datos de mayor amplitud y profundidad. “Lo ideal es tener varias muestras de los sectores elegidos y que ojalá fueran estudiados periódicamente para ver su evolución en el tiempo y ver si las medidas reparatorias han podido disminuir los niveles de contaminación del suelo”, destacó el químico ambiental. Una siguiente etapa, de esta forma, debiera incluir una red de muestreo más densa, campañas en diferentes estaciones del año y mediciones reiteradas que permitan establecer si los focos permanecen estables o continúan desplazándose.

“Hay que mantener una vigilancia ambiental y sanitaria constante, porque estamos hablando de contaminantes que pueden permanecer en el ambiente durante décadas. Una vez identificadas zonas con concentraciones elevadas, se deberían evaluar las vías por las cuales las personas pueden entrar en contacto con estos elementos y establecer medidas para reducir esas vías. Las intervenciones pueden ir desde controlar la generación y resuspensión de polvo hasta nuevas acciones de limpieza y remediación”, complementó el profesor Manzano.

ALERTA
El plomo representa una preocupación particular por sus efectos sobre el desarrollo neurológico infantil. El arsénico, dependiendo de su forma química y del tiempo de exposición, se asocia con distintos efectos crónicos, incluido un mayor riesgo de cáncer y alteraciones cardiovasculares. El zinc, en tanto, es un nutriente esencial, pero en concentraciones excesivas puede producir efectos adversos y alterar los ecosistemas del suelo. Los efectos dependen mucho del metal, su concentración y la intensidad de la exposición.

Por esta razón, “es importante entender qué proporción de estos elementos se incorpora al organismo humano. En Arica, ya existen programas y estudios de biomonitoreo de la población que deberían mantenerse, especialmente en grupos vulnerables como los niños, por lo que integrar esta información con mediciones ambientales de mayor resolución sería muy valioso”, enfatizó Carlos Manzano.

NORMA EN DEUDA
La investigación debió apoyarse en valores de referencia internacionales para analizar los resultados, ya que Chile no cuenta, actualmente, con una norma nacional vinculante que establezca concentraciones máximas de contaminantes en suelos según su uso. La investigación, de esta forma, revive la necesidad de contar con una norma ambiental específica y vinculante que determine cuándo un suelo debe ser declarado contaminado, qué instituciones deben intervenir y las medidas de remediación necesarias para cada caso, tal como ocurre con el aire y el agua.

 
 
 
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