Las intensas lluvias que afectaron a diversas regiones del país, desde Atacama hacia el sur, dejaron en evidencia la vulnerabilidad de nuestra infraestructura frente a eventos naturales. Aunque Arica y Parinacota no enfrentó esto, no estamos exentos de amenazas y debemos prepararnos.
Lo primero es reconocer que el cambio climático está modificando la frecuencia e intensidad de diversos fenómenos naturales, por ello la planificación, la innovación, la tecnología y la ciencia se vuelven indispensables para reducir riesgos y proteger a la comunidad.
Junto con ello, es clave avanzar en infraestructura resiliente. Esto significa diseñar y construir obras capaces de resistir y adaptarse a eventos como altas temperaturas o crecidas de ríos o tsunamis, minimizando sus impactos y permitiendo una recuperación rápida.
Existen experiencias para destacar, como el Parque Kaukari (Copiapó), cuyo diseño considera su ubicación en el lecho del río soportando activación del caudal sin sufrir daños significativos y manteniendo su aporte a la comunidad.
En Arica y Parinacota, también debemos incorporar esta mirada para nuestra infraestructura, por ejemplo, fortaleciendo una red vial preparada para el escurrimiento de aguas, activación de quebradas o deslizamientos, evitando lo ya vivido en la Cuesta Chinchorro, recordando que en el altiplano habitualmente se viven fenómenos extremos.
Agregar que, como CChC, estamos comprometidos y contamos con un protocolo de emergencia para ayudar en caso que ocurran estos eventos, no obstante, el desafío es consolidar criterios de resiliencia en cada proyecto (desacoplados del ciclo político), entendiendo que convivimos con una geografía marcada por inciertas lluvias y extenso borde costero. Prepararnos para esa realidad no solo reduce riesgos, sino que también contribuye a un desarrollo más seguro y sostenible para nuestros hijos.